Rewind
Ahora me levanto prontísimo. Los días de entre semana sobre todo.
Entonces tenías casi siete años menos que yo.
A mí me gustaba ir al hipódromo. Escuchaba la música muy alta. Bebía algunas noches
como si se fuera a terminar el mundo. Escribía poesía.
Escribía poemas cortísimos que no leían ni siquiera mis mejores amigos.
No era un maldito, porque dormía con la ventana cerrada, y los niños malos
duermen siempre con ellas abiertas (las ventanas
y sus etcéteras).
Aquel verano había hecho calor de verdad en Madrid. Salir era ingresar
en una sartén recién retirada del fuego, una invitación a correr descalzo hasta atravesar las brasas. Justo lo que hacen en los pueblos de donde vengo aquellos amantes
que dicen que son los amantes verdaderos. Valiente chorrada.
valiente chorrada quemarse las plantas de los pies por amor pudiendo quemarse el cuerpo entero con la combustión que sucede a la fricción espectacular provocada en la fusión de los núcleos de nuestras células cuando la distancia entre ellas se reduce a un número negativo
Ahora me levanto prontísimo. Los días de entre semana sobre todo.
Preparo zumo de naranja y bebo leche de soja. Hago ejercicio regular.
Entonces pesaba quince kilos más, que luego perdí follando contigo.
Desayunaba huevos con beicon el verano del calor,
porque estaba en Londres antes que en Madrid
y allí está de moda desde hace mil años y porque además
el rojo crepitante del beicon y el amarillo de los huevos me recordaba
a un país en el que la generación mejor preparada de su Historia
es capaz de quemarse la planta de los pies por amor.
valiente estupidez ver la bandera de nuestros abuelos en un desayuno pudiendo tener
las estrellas a pie de córnea cenándote con la luz tan apagada que sólo nos quede el brillo
retroiluminado de los restos del amor en el techo
Entonces tenía un armario de siete cadáveres, jugamos al scrabble en él y como gané
se fueron quedando tus prendas fuera de la cama dentro de tu lado del armario:
es el cajón del sexo que les robamos a los ángeles y que vamos gastando
poco a poco
a pesar de la certeza de que antes de que se nos termine
él terminará con nosotros sin duda.
Es la razón.
Del despertador, ya sabes, de lunes a viernes a las siete.
Mi cuerpo está tan engañado como esos niños a los que sus padres
les dicen que van a Disneylandia las mañanas de dentista,
y despiertan tan milagrosamente vestidos y duchados a las ocho de la madrugada
que mientras se ponen el cinturón de seguridad en la sonrisa dan pena un momento,
justo antes de encontrarse con un festivo de mierda en el que
ni siquiera puedo darte un beso en los labios.
Es la razón, mi cuerpo engañado te echa de menos , por no hablar
del destierro al que somete a tu lado, el que dice ser tu lado, de la cama.
Ahora, que a las diez y media son las diez y media de la noche y no estoy bebiendo
y parezco el mejor de los hombres.
Ahora que hago poemas larguísimos que siempre hablan de lo mismo.
Duchado y afeitado, y a las puertas del ordenador
como si pudiera arreglar el mundo desde aquí
cuando lo único que deseo más allá de los caballos y del alcohol
es abrir el armario de nuevo y que de nuevo vengas desnuda del verano
cuando hacía tanto calor como ahora, amor,
y me digas que deje de una puta vez de escribir poesía.
Valiente estupidez.
Entonces tenías casi siete años menos que yo.
A mí me gustaba ir al hipódromo. Escuchaba la música muy alta. Bebía algunas noches
como si se fuera a terminar el mundo. Escribía poesía.
Escribía poemas cortísimos que no leían ni siquiera mis mejores amigos.
No era un maldito, porque dormía con la ventana cerrada, y los niños malos
duermen siempre con ellas abiertas (las ventanas
y sus etcéteras).
Aquel verano había hecho calor de verdad en Madrid. Salir era ingresar
en una sartén recién retirada del fuego, una invitación a correr descalzo hasta atravesar las brasas. Justo lo que hacen en los pueblos de donde vengo aquellos amantes
que dicen que son los amantes verdaderos. Valiente chorrada.
valiente chorrada quemarse las plantas de los pies por amor pudiendo quemarse el cuerpo entero con la combustión que sucede a la fricción espectacular provocada en la fusión de los núcleos de nuestras células cuando la distancia entre ellas se reduce a un número negativo
Ahora me levanto prontísimo. Los días de entre semana sobre todo.
Preparo zumo de naranja y bebo leche de soja. Hago ejercicio regular.
Entonces pesaba quince kilos más, que luego perdí follando contigo.
Desayunaba huevos con beicon el verano del calor,
porque estaba en Londres antes que en Madrid
y allí está de moda desde hace mil años y porque además
el rojo crepitante del beicon y el amarillo de los huevos me recordaba
a un país en el que la generación mejor preparada de su Historia
es capaz de quemarse la planta de los pies por amor.
valiente estupidez ver la bandera de nuestros abuelos en un desayuno pudiendo tener
las estrellas a pie de córnea cenándote con la luz tan apagada que sólo nos quede el brillo
retroiluminado de los restos del amor en el techo
Entonces tenía un armario de siete cadáveres, jugamos al scrabble en él y como gané
se fueron quedando tus prendas fuera de la cama dentro de tu lado del armario:
es el cajón del sexo que les robamos a los ángeles y que vamos gastando
poco a poco
a pesar de la certeza de que antes de que se nos termine
él terminará con nosotros sin duda.
Es la razón.
Del despertador, ya sabes, de lunes a viernes a las siete.
Mi cuerpo está tan engañado como esos niños a los que sus padres
les dicen que van a Disneylandia las mañanas de dentista,
y despiertan tan milagrosamente vestidos y duchados a las ocho de la madrugada
que mientras se ponen el cinturón de seguridad en la sonrisa dan pena un momento,
justo antes de encontrarse con un festivo de mierda en el que
ni siquiera puedo darte un beso en los labios.
Es la razón, mi cuerpo engañado te echa de menos , por no hablar
del destierro al que somete a tu lado, el que dice ser tu lado, de la cama.
Ahora, que a las diez y media son las diez y media de la noche y no estoy bebiendo
y parezco el mejor de los hombres.
Ahora que hago poemas larguísimos que siempre hablan de lo mismo.
Duchado y afeitado, y a las puertas del ordenador
como si pudiera arreglar el mundo desde aquí
cuando lo único que deseo más allá de los caballos y del alcohol
es abrir el armario de nuevo y que de nuevo vengas desnuda del verano
cuando hacía tanto calor como ahora, amor,
y me digas que deje de una puta vez de escribir poesía.
Valiente estupidez.
Comentarios
Saludos desde el sitio jugar online. Constanza